«Dices que no hay palabras para describir esta época, dices que esta no existe. Pero acuérdate. Haz un esfuerzo por acordarte. O en su defecto, inventa».Monique Wittig, Las guerrilleras
Punto de partida: ¿por qué la sostenibilidad?
Durante años aprendimos a hablar de sostenibilidad en el idioma de las tareas: medir, certificar, reportar, separar. Es un idioma necesario y lo vamos a usar en estas páginas. Pero tiene un límite: nombra lo que hacemos y deja afuera por qué lo hacemos.
Antes de cualquier tarea hay una pregunta que casi nunca nos formulamos: ¿por qué la sostenibilidad? La respuesta no está en una norma ni en el pedido de un cliente. Está en el estado del mundo que habitamos y en lo que ese mundo nos exige como personas, como organizaciones y como sociedad.
Esta newsletter nace para recuperar esa conversación y para proponer cada semana un tema que valga la pena compartir y discutir. Empiezo, entonces, por el mapa.
El mundo que habitamos
Los datos más recientes son sobrios y, justamente por eso, inquietantes: el calentamiento global actual se ubica alrededor de 1,4 °C respecto de la era preindustrial. En septiembre de 2026, el PNUMA advirtió que el límite de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París probablemente será superado en los próximos años.
Ese medio grado importa por lo que la ciencia llama puntos de inflexión: umbrales más allá de los cuales un sistema natural se transforma por su propia inercia y ya no regresa. En octubre de 2025, el Global Tipping Points Report, firmado por 160 científicos, confirmó que los arrecifes de coral de aguas cálidas están cruzando el suyo. Ocupan menos del 1% del fondo marino, pero sostienen al menos una cuarta parte de las especies del océano, que encuentran en ellos refugio y criadero. Cerca de mil millones de personas dependen de esos arrecifes para alimentarse, para trabajar en la pesca o el turismo y para resguardar sus costas de olas y tormentas. En la lista siguen las capas de hielo polar, la Amazonía y las grandes corrientes oceánicas.
Hay además una advertencia que lleva más de medio siglo esperando ser escuchada. En 1972, el informe Los límites del crecimiento se preguntó qué ocurriría si la economía seguía expandiéndose sobre un planeta finito. En 2021, la investigadora Gaya Herrington contrastó aquellos escenarios con los datos reales y encontró que los más parecidos a nuestra trayectoria son los que anticipan un freno de la producción industrial en las próximas décadas. Su conclusión deja una puerta abierta: todavía es posible cambiar el rumbo, aunque la ventana se estrecha.
¿Hacia dónde? No hay un destino escrito: el futuro no se predice, se crea. Los propios escenarios del modelo lo muestran. En el que evita el colapso, el llamado «mundo estabilizado», no alcanza con la tecnología: hace falta además un giro en las prioridades colectivas, que ponga la salud y la educación en el centro y oriente la producción hacia aquello que de verdad sostiene la vida.
Es otra idea de desarrollo, que se mide por el bienestar que una sociedad logra sostener dentro de los límites del planeta y no solo por cuánto crece su economía. Para imaginarla ya hay caminos abiertos: la economía de la dona de la economista británica Kate Raworth, que propone cubrir las necesidades de todas las personas sin traspasar los límites ecológicos, el decrecimiento, el buen vivir de los pueblos andinos y el desarrollo regenerativo. Ninguno es una receta; son invitaciones a inventar, como pedía Wittig. Volveremos a cada uno.
Lo que sabemos y lo que hacemos
Solemos creer que lo que falta es información. Lo que nos detiene es más hondo: los mitos sobre los que construimos nuestra manera de vivir y de producir, y ciertos atajos de la mente que nos protegen de aquello que preferimos no ver. Algunos de ellos:
- Sesgo de normalidad: damos por hecho que nuestra experiencia de vida va a perdurar, porque es lo único que conocemos. Por eso subestimamos la probabilidad y el impacto de lo que nunca vivimos, como les pasó a tantas personas que no vieron venir una guerra o una dictadura hasta tenerla encima.
- Efecto espectador: frente a un problema compartido, cada uno supone que otro va a actuar. Cuantos más testigos hay, menos responsable se siente cada uno.
- Preferencia por lo inmediato: le damos mucho más peso al presente que al futuro, aunque lo que está en juego más adelante sea bastante más importante.
- Falacia del costo hundido: seguimos por un camino porque ya invertimos demasiado en él, sea dinero, tiempo, afecto o infraestructura, aunque intuyamos que no lleva a buen puerto.
- Futilidad del bien informado: cuanto mejor entendemos la magnitud del problema, más chicos nos sentimos frente a él. La información se vuelve ansiedad, frustración o solastalgia, esa nostalgia por un lugar que cambia delante de nuestros ojos.
A estos sesgos se suman lo que los investigadores llaman discursos de demora: formas de hablar que no niegan la crisis, pero la postergan. Trasladan la responsabilidad a otros, celebran soluciones que no cambian nada de fondo, agrandan los costos de actuar o, simplemente, se rinden. Este último es quizás el más frecuente y el más difícil de discutir: «no hay nada que podamos hacer».
Mirar sin quebrarse
¿Se puede sostener esta mirada sin que duela tanto? Creo que sí, a condición de no hacerlo en soledad. Joanna Macy propone un camino en cuatro tiempos: empezar por la gratitud, darle lugar al dolor que nos provoca lo que vemos, aprender a mirar con otros ojos y, recién entonces, salir a actuar. Y los autores de Otro fin del mundo es posible recuerdan algo que los estudios sobre catástrofes confirman una y otra vez: lo que permite a una comunidad levantarse después de un golpe es menos lo que acumuló que la trama de vínculos que supo tejer.
Por qué esta sección
Porque la sostenibilidad sin contexto se vuelve planilla o eslogan. Porque las empresas están en el territorio y pueden tejer, con proveedores, vecinos y otras organizaciones, esa trama de la que depende la resiliencia. Y porque mirar de frente no es pesimismo: es la condición para decidir bien.
Para seguir la conversación
¿Cuál de estos sesgos reconocés en vos o en tu entorno? ¿Qué es lo que más te frena a actuar, aun sabiendo? Te leo en los comentarios.
Si querés que lo conversemos, escribime. Y en nuestra Agenda sostenible reunimos encuentros y cursos para seguir aprendiendo en comunidad.
Fuentes
- Wittig, M., Las guerrilleras (1969).
- PNUMA, Limiting Overshoot: Navigating exceedance of 1.5°C and pathways towards return, 2/9/2026.
- Global Tipping Points Report 2025, Universidad de Exeter, 13/10/2025.
- PNUMA, Coral reefs.
- Herrington, G. (2021), “Update to limits to growth: Comparing the World3 model with empirical data”, Journal of Industrial Ecology.
- Raworth, K. (2017), Doughnut Economics (en español, Economía rosquilla, Paidós, 2018).
- Meadows, D. H., et al. (1972), Los límites del crecimiento, Club de Roma.
- Broffoni, F. (2020), Extinción, Sudamericana.
- Lamb, W. F., et al. (2020), “Discourses of climate delay”, Global Sustainability.
- Macy, J. y Johnstone, C. (2012), Active Hope.
- Servigne, P., Stevens, R. y Chapelle, G., Otro fin del mundo es posible, Arpa, 2022.

